Tras la eliminación del equipo en las semifinales de Champions, ante el Manchester de Ferguson, se avecina tormenta en ‘Can Barça’. Y es que, aunque de todos fuera conocida la inminente necesidad de cambio en el conjunto culé, los diarios catalanes no han tardado un segundo en convertir sus páginas en anuncios clasificados, como si el encuentro de Old Trafford hubiera sido el punto de inflexión. Guardiola, Mourinho, Ancelotti, Poulsen, Alves, Lucho González,…decenas de nombres sobrevuelan la órbita azulgrana. Además, como no podía ser de otra forma, las palabras "limpia" y "vestuario" ganan fuerza según pasan las horas y los días.
En esa supuesta limpia, los nombres de Ronaldinho, Deco, Henry y, sobre todo, Frank Rijkaard, son los que más suenan. Otros tantos, como Zambrotta o Márquez, venían acaparando titulares en los últimos días, vinculados, según parece, al mismo club que se prevee ser el destino del ‘Gaucho’: el Milan de Galliani. A su vez, algunos aseguran que los canteranos Thiago Mazinho y Gai Assulin, jóvenes promesas ‘blaugranas’, subirán al primer equipo la próxima temporada, y así acompañarán a los Bojan, Messi o Giovani.
Pero, como en todo proceso de cambio, las miradas se centran en el jefe, en el capitán del barco. El técnico holandés, que lleva recibiendo críticas durante toda la temporada, está en el punto de mira de la prensa, que pide su cabeza a la voz de ya. Sinceramente, después de varios años al frente del banquillo del equipo catalán, todos conocemos al bueno de Frank. Somos conscientes de lo que le ha dado este técnico al barcelonismo en general. Eso sí, como a todos les termina pasando, el entorno le ha envuelto en una espiral negativa, en la que, quiera o no quiera, la polémica y los asuntos como el de Ronaldinho o el de Deco le han afectado y han acabado por pasarle factura. Todo ello, unido a un sistema de juego poco dinámico, en el que las piezas tenían que estar colocadas siempre de la misma manera, fuera cual fuera el resultado, ha provocado que el de Ámsterdam haya pasado de héroe a villano en apenas dos años.
Ahora bien, la afición es la que tiene el último voto. Directiva por un lado, cuerpo técnico por otro, jugadores por aquí y prensa por allá. Cada uno tira para su lado, pero la hinchada culé es la que dictará sentencia. El próximo domingo, ante el Valencia (Camp Nou, 19.00h), seremos espectadores del veredicto final. En un partido en la que la motivación brilla por su ausencia y en el que el rival se está jugando la salvación, los once que salten al campo tendrán que demostrar algo más que profesionalidad. Y, si es necesario, aguantar la pañolada de turno, los silbidos y todo lo que venga. Pero, siempre, pase lo que pase, en pie y dando la cara. Nunca en el gimnasio, escondido. Como los cobardes.
Diego Caballero - 02.05.2008


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