Qué bonito suena lo de “campeón del mundo”. Más bien, Mundial de Clubes de la FIFA, el título que ha conquistado el Manchester United en el día de hoy. Lo hizo derrotando a Liga de Quito por la mínima, con un tanto de Wayne Rooney en el minuto 73, después de haber desperdiciado multitud de ocasiones de gol en la primera mitad.
La victoria sirve para consagrar definitivamente a este gran equipo, para redonder un gran año en el que han hecho pleno: campeones en su país, en Europa y en el mundo.
Ahora bien, la pregunta que todo el mundo se hace cuando llega esta competición es la siguiente: ¿para qué sirve el Mundial de Clubes de la FIFA?
Para los conjuntos clasificados para la cita provenientes de Centroamérica, África, Asia y Oceanía es un espejo de cara al resto del mundo, una oportunidad. Para los sudamericanos es una ocasión para reivindicarse ante los “grandes” europeos, un partido con una motivación extra. Para los vencedores de la Champions, en cambio, suele ser una obligación, una molestia, un esfuerzo inútil, algo que les descuadra un calendario ya de por sí lleno hasta arriba de encuentros importantes.
Está bien claro que la máxima organización del fútbol mundial debería revisar este asunto. No vale con cambiar la sede, como se hará el año que viene, que se jugará en los Emiratos Árabes. Tampoco sirve el aumentar la cantidad económica del premio al triunfador final en el torneo. En el fútbol, la importancia de cada campeonato viene dada por varios factores: una mezcla de historia, repercusión internacional, beneficios económicos y publicidad es lo que hace a los clubes valorar de una manera u otra cada trofeo.
El ‘Mundialito’ tiene que cambiar. No tiene historia; cuando uno mira atrás en el tiempo no recuerda grandes encuentros disputados por grandes escuadras, porque no los hubo. La repercusión internacional no es mucha; está perjudicada por una serie de aspectos que se podrían cambiar perfectamente. La sede y, en consecuencia, el horario de los encuentros, es una de las cuestiones que deberían ser revisadas. Y, está claro, ni los beneficios económicos ni los muchos millones que se puedan invertir en publicidad son capaces de resolver los problemas que traen consigo las dos primeras cuestiones, mencionadas anteriormente.
¿Por qué no cambiar la sede y que, por unos años, se dispute en Europa o Sudamérica, en estadios míticos del fútbol mundial?
¿Por qué no cambiar el sistema de clasificación y que vayan más equipos de los países donde el nivel futbolístico es mayor?
¿Por qué no ajustar el calendario de una vez por todas, para que algo de esto tenga sentido?
A lo mejor, y aunque parezca mentira, porque a nadie le interesa ni le apetece estrujarse los sesos.
Cosas Sencillas

Diciembre 21st, 2008 a las 23:41
YA ERA QUE EL MANCHESTER IVA A GANAR CN EL BATIPIBE YA DAVA AMISTA….NO CRY MESSI NO CRY