No fue cuestión del azar. No se trató de ninguna coincidencia. El derbi sevillano se decidió en cuatro minutos, en los que se sucedieron una serie de factores que terminarían alterando el transcurso del partido y decantando la balanza para el lado visitante.
En el minuto 19 de la segunda parte, el Sevilla se disponía a hacer su segundo cambio. Renato era el elegido por Manolo Jiménez para saltar al terreno de juego. El equipo rojiblanco controlaba hasta ese momento el encuentro y, tímidamente, se mostraba algo superior a su rival. En ese momento, el técnico sevillista tuvo que elegir entre ir decididamente a por la victoria, lo que se hubiera visto reflejado en la sustitución del brasileño por Duscher, o seguir siendo dueño y señor del centro del campo, cosa que ya era en aquel momento. Jiménez optó por la segunda opción y sacó del campo al ‘Laucha’ Acosta, metió a Renato por detrás de Kanouté y Romaric y Duscher continuaron formando la dupla de mediocentros del cuadro de Nervión.
Sólo cuatro minutos después, el error del entrenador local quedó al descubierto. Duscher recibía su segunda tarjeta amarilla y era expulsado -justamente- del campo. Con la marcha del argentino, la situación daba un giro de 180 grados. El Sevilla se quedaba con un sólo hombre en punta (Kanouté), Renato tenía que bajar a apoyar a Romaric en el mediocentro y se creaba un gran hueco entre líneas, sin ningún conector que enlazara el centro del campo con la delantera. El cambio posterior de Maresca por el costamarfileño no sirvió para nada, el asunto no cambió y el problema que Jiménez había creado con su conservadurismo persistió hasta que el colegiado hizo sonar el pitido final.
El Betis no cuajó un gran encuentro y en la primera mitad se mostró demasiado miedoso. Algunos dicen que los verdiblancos no se merecieron llevarse la victoria porque no hicieron lo suficiente para ello. Nosotros decimos que sí, que fueron justos vencedores por el simple hecho de que supieron aprovechar su única oportunidad, la que les brindó el Sevilla.
Un minuto después de la expulsión de Duscher, Sergio García anotó el primer tanto de la noche. A partir de ahí emergió la figura de Emana, que, con la ausencia del ex de Racing y Depor, se adueñó del centro del campo del Sánchez Pizjuán. Con sus botas trazó la jugada que sirvió para casi sentenciar el duelo con el gol de Oliveira, ya en el ’83, y las mismas estuvieron a punto de generar el tercero, que hubiera convertido el adjetivo de “importante” o “histórico”, usado por algunos medios para describir lo sucedido en el día de ayer, en “humillante”.
¿Qué hubiera pasado si Jiménez hubiera sustituido a Duscher en el minuto 19 de partido? Nadie lo sabe, pero sí estamos seguros de que el mediocentro sudamericano no habría visto la tarjeta roja, por lo que, probablemente, el Sevilla podría haber seguido con once jugadores durante el terreno de juego hasta el final de la contienda.
El día después del derbi, se habla de cómo el cansancio arrastrado del choque de Copa del Rey ante el Athletic influyó en el rendimiento del plantel sevillista. El cansanció influyó, pero más lo hizo la falta de ambición. La poca convicción con la que el entrenador ‘palangana’ fue a por el triunfo en la segunda mitad resultó decisiva y otorgó a los verdiblancos una oportunidad que estos no quisieron y no pudieron desaprovechar. De esta forma, el Betis ganó en el Ramón Sánchez Pizjuán trece años después.
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