La frase es dura, muy dura, pero no se trata de ningún invento nuestro. Son ni más ni menos que las palabras de un aficionado del Liverpool minutos después de terminar el partido de vuelta de la ronda de octavos de final de la Liga de Campeones, en el que los reds han humillado al Real Madrid, imponiéndose por 4-0.
Y es que la impresión que hoy ha dado el conjunto merengue en Anfield merece un calificativo mucho peor que el de lamentable o vergonzoso. Es el equipo que peor impresión ha dado de todos los que han visitado el estadio de la ciudad de los Beatles durante esta temporada, contando Premier, Champions y las dos copas.
Parece mentira que el club con mayor número de Copas de Europa en su palmarés haya cuajado esta actuación en el día de hoy ante otro de los ‘grandes’ del viejo continente. Resulta irrisorio que sólo Lassana Diarra haya entendido de qué iba el encuentro de hoy y que el cuadro de la capital española no haya mostrado ningún interés por pasar la eliminatoria, en ninguno de los 180 minutos que ha durado la misma.
Si Benítez le ganó ampliamente la partida táctica a Juande en el Bernabéu, lo de hoy ha sido un soberano repaso, un insulto hacia la condición de entrenador del ex de Tottenham y Sevilla. El manchego no se ha enterado absolutamente de nada y parece como si no conociera ni un mísero detalle de la forma de jugar del adversario de esta noche. Los futbolistas del Madrid, obviando los partidazos que se han marcado Diarra y Casillas y las buenas intenciones que han mostrado Sergio Ramos o Marcelo en algún momento del choque, no han rozado sino que han hecho el ridículo más triste que se podía imaginar.
Robben no ha existido, Sneijder se ha equivocado en casi cada decisión que ha tomado, Heinze se volvió loco a partir del penalti inexistente que le señalaron, Pepe y Cannavaro fueron superados por Torres en todo momento y la dupla atacante formada por Higuaín y Raúl ha vuelto a repetir la actuación que tuvieron en el juego de ida, esto es, no se han enterado ni de qué hora era.
Hoy no hay ninguna excusa que justifique semejante varapalo, ni siquiera la desastrosa conducta del colegiado Frank de Bleeckere, que ha realizado uno de los peores arbitrajes que uno recuerda en partido de la máxima competición continental a nivel de clubes, ya que, a instancias de su asistente, se ha inventado por completo la pena máxima que puso a los locales con ventaja de dos tantos y, por si fuera poco, apenas ha acertado en veinte decisiones de las casi ochenta que ha tomado durante el transcurso del partido. Algo incomprensible en un árbitro internacional elegido para dirigir una contienda de semejantes características.
Pero no, ni siquiera el despropósito del belga consigue salvar de la quema al Madrid. La derrota no es sólo de hoy, ni viene propiciada por lo ocurrido en el 0-1 del Bernabéu; hay mucho más detrás de todo eso. Hay cinco años en los que la patética planificación deportiva se ha erigido como un handicap insalvable a la hora de enfrentarse con equipos de primer nivel. Hay una serie de futbolistas que cobran sueldos bestiales que han ensuciado la camiseta de la escuadra más laureada de toda la historia y que, como bien decía el hincha que puso título a este artículo, han hecho que el Real Madrid parezca un equipo de Tercera División. Todo ello en el enfrentamiento en el que se jugaban más de media temporada.
Ha sido un auténtico desastre, de risa, y la aplastante victoria del Liverpool ha reflejado fielmente lo que se ha visto en el terreno de juego, le pese a quien le pese. Pero hasta ante los panoramas más desoladores hay que mirar el lado positivo; el tropiezo de hoy llega a tiempo, antes de la asamblea del 29 de marzo.
Este equipo no puede caer en octavos de final cinco años consecutivamente. Algo pasa ahí dentro y hay que descubrir de dónde viene. Las cabezas tienen que rodar por doquier. Sea la que sea.
Ahora.
Cosas Sencillas

Marzo 11th, 2009 a las 11:54
Tampoco ha sido para tanto, unica y exclusivamente: “un chorreo”