Le decía el otro día a un amigo que ganaríamos en Sudáfrica, a lo que él, muy consciente de la historia que rodea al aficionado español, me decía “calma”. Y es cierto. El panorama ha cambiado demasiado tras la consecución de la Eurocopa en Viena. Llegamos con las orejas bajas a la cita de selecciones y ahora volvemos a subestimar. Malo.
Es cierto que el grupo de primera fase que nos ha tocado invita a pensar que tendremos que estar, por inercia, en la siguiente ronda de la competición. Quien lo piense tiene toda la razón. Pero no hay que olvidarnos que por el otro cuadro están brasileños e italianos, dos selecciones que son lo que son por títulos e historia.
El combinado de Vicente del Bosque es el mismo que disfrutamos el año pasado en la Eurocopa, tiene el mismo potencial con algún retoque puntual y lleva una racha increíble de partidos invicta. Todo eso no es moco de pavo. Sin embargo, ¿es suficiente para ponerla a la altura de equipos con tantos mundiales en sus camisetas?
Lo que está claro es que, al menos, nos hemos quitado el San Benito de ilusionarnos para luego no conseguir nada. Ahora es al revés: nuestra receta para el éxito de 2008 fue no creernos la película de todos los años, al menos no antes de cuartos, que solía ser el tradicional gatillazo español. Por ello, a la Confederaciones con los pies en el suelo.
Pichi - 10.06.2009
Cosas Sencillas

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