Ciertamente no es fácil encontrar un buen sustituto de Michael Ballack en el centro del mediocampo de la selección alemana. Tiene que ser fuerte en la defensa, inteligente en la táctica, extraordinariamente correoso y además inclinado al ataque. Así es Sami Khedira.

El volante de 23 años del Stuttgart demuestra mes tras mes que posee lo que hace falta para desempeñar un papel clave en el sistema del tricampeón del mundo. ¿Y por qué no ahora en la Copa Mundial de la FIFA 2010 en Sudáfrica?

Khedira, de padre tunecino y madre alemana, se metió muy pronto en el meollo de la sala de mandos del Stuttgart. En su primer año como profesional, en la temporada 2006/07, contribuyó de manera determinante a la conquista del título alemán por parte de su equipo. El mediocentro, gracias a su fuerza física y su estilo de juego meticuloso y tácticamente maduro, puede funcionar como mediador entre la defensa y el ataque. Pero por su capacidad para enviar pases medidos, también puede aportar valiosos servicios en el dispositivo ofensivo. Con sus 1,89 metros de alto, es además un futbolista muy poderoso en el juego aéreo.

Khedira se enfundó la camiseta del Stuttgart a los ocho años. Desde entonces, ha ido cubriendo las distintas etapas de la carrera de un joven superdotado que siempre ha estado entre los mejores de su generación. Y después de que en diciembre de 2008 fuera elegido por sus colegas como el mejor jugador del mes, comenzó a llamar la atención no sólo de los expertos.

Como capitán de la selección nacional sub-21, Khedira condujo a los alemanes hasta el título europeo de la categoría en el certamen celebrado en Suecia en 2009, antes de debutar en septiembre con la absoluta en un amistoso entablado contra Sudáfrica en Leverkusen (2-0).

El centrocampista suabo de ancestros norteafricanos no hace mucho que pertenece al contingente de élite alemán, es cierto, pero tras los descartes de Simon Rolfes y de Michael Ballack por lesión tiene grandes posibilidades de entrar en acción en Sudáfrica.